martes, 1 de abril de 2008

Adoración por un sentido femenino de curvas miles y ombligo de estación

En el momento oportuno de escribirte pongo a tu merced todo mi profesar de caballero, en correspondencia con un día en que se describen tus conceptos de lo bonito y lo sensual. Cierto es que hay una brecha realista entre lo figurativo de nuestra existencia en común, pero en cambio, me reconforma la idea de imaginarte en el mayor por ciento de mis jornadas. Pudiera ser éste uno de los mensajes más largos de nuestra historia, créeme que las ganas de expresar se han hecho dueñas de este día en que no estás cerca y he dado las riendas al ebrio corazón para que decida sobre los secretos que contarte.
La añoranza de este ser, basa sus líneas en la preferencia de tus impulsos y todo lo que de mujer inigualable te define. Estás por encima de la sombra del abismo, de lo trivial y lo infinito, de lo irreal y lo vivido ¡Bienaventurado sea el destino si quisiera que me cruzara en tu camino en los minutos que restan! Quiero que me ates a ti con fuerza, que en tus entrañas se graben dos gritos confusos de ti y de mí, quiero dedicarte mis instintos y saciar tus caprichos con el mejor gesto de amor. Sé que el romanticismo ya está lejos de hoy, pero de espaldas a la hipocresía te envío las huellas de mi sinceridad con el mejor de los cariños y al destino de tus cimientos.
Llegó y no se ha ido tu imagen holográfica, destellando los instantes que deambulo en el vicio de la vida, comparo mis fantasías y te revelo con los colores de tu feminismo. Un eterno mar de detalles que no solo con pies y curvas decoran mi sobrenombre, dígase un hombro y el mejor de los ombligos bautizando una musa que cabe preciosa en mi regazo aunque le duela el cuello de tanta gratitud.
Confieso que no me conformo compartiendo mis secretos cuando la vigilia nos termina un día y nos oferta otro; anhelo rodar contigo sobre las cabezas miles que decoran nuestra discreción, tomarte de la mano y especularte frente a mis coetáneos, leerte un verso en la tribuna de los enemigos, besarte la frente y cerrar los ojos de lo que provoca, verte dormir y cuidarte los sentidos, subrayarte los deseos y sobretodo, decirte al oído, sin el menor de los complejos y con todo el corazón, que de veras: ME ENCANTAS.

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