martes, 1 de abril de 2008

Dolché, caramelo de pura leche

Voy a escribir el texto más dulce esta tarde, escribir por ejemplo: el caramelo que un día me regalaste quedó no solo en mis papilas, sino también en el recuerdo de todo aquel misterio que te hace tan sápida. Te anudas en cada duda de mis costillas, te enfaldas en cada gesto, en mi trova sin pintura, te veo en mis palmas y filos, en el elixir de los colores del ocaso que ya no es ocaso, te fundes en la sangría de mis oraciones como fundamento de aquel Dolché de lunes que animó mis sentidos de noble.
Caramelo trisabor:
Nada que envidiar tu revestimiento a tales flores que habitan con aroma y portadas, quiero embarrarme en tus mieles y procurar ser el prócer de tus mañanas, que se acomode tu lacio sobre mi hombro y pueda cubrir tus labios con un beso de rincón, de esos que se estrujan en el alma y saben a galanteo.
Y luego tragar tu esencia y contarle a todos que sabes a color y sonreír de beneplácito al saberte dentro, con lazos de pura leche.
“Que todas las golosinas sepan como vos”
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