“…Quiero pasar los días, naciendo en cosas mías, como nacen las hojas…”
Tengo el impulso de la lluvia que nos acompañó en la travesía.
Cuánto de ternura y cuánto de quedarse envueltos en la locura-cordura en cada próximo encuentro.
Hoy he celado a tu cama y tus aposentos con el digno antojo de un recuerdo en el que fecundas alegre entre mis sombras. Contarte que ocurre siempre sonará epitafio a la rutina, que me quitas el sueño y mis cardíacos que no toman ritmo es lo más sincero que te pudiera profesar en esta tarde en que la vigilia quiere tomarte dormida en brazos y no dejarte pensar en mi. Añoro la fotografía viva de tu dermis entrelazada entre la métrica de mis versos, sudando salado y marcando una diferencia entre lo alegórico y lo existencial, siendo comestible y sin bromas ante el impulso de una desposada mordida imaginada en cada cúbica tuya hasta hacerte feliz. Anhelo estampar mis salivares en cada ranura de tu gozo y marginarme al lado tuyo ante los guiños de la tranquilidad del placer hasta que reventemos de éxtasis y decidas dar el siguiente paso a la contextura de la realidad. Porque te ansío, mi amor, y porque las ganas de ti me abruman las costillas y me hacen temblar de necesidad en este instante que hace aplausos para que estés aquí. Porque te imagino despeinada siendo alegre y a mi izquierda. Porque me encanta compartirte los envites de mi alma, que se torna sensible y te cuenta la verdad. Porque sencillamente me estoy muriendo por ti, otra vez y otra vez.
Ahora sé del color blanco, las madrugadas y la lluvia fría que enjuaga nuestros plenos; ni lo tarde, ni lo sereno, ni lo abstracto me alucinan, porque eso, mi amor, eso también es la vida.
Te quiero en la mía….
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