martes, 1 de abril de 2008

Hojas de un árbol de regalo...

El camino hacia nuestras costumbres se coloreó con las hojas de un árbol de regalo, fuerte, a la izquierda del sendero, las hojas de pie y siendo ya nuestras, el árbol de rodillas a la merced de no tenerlas y verse tan distinto en las mieles del entorno. Ese árbol fue mi ofrenda a la similitud de tus ganas de soñar, a ese árbol quieres ponerle un nombre que ya tenía desde el día en que lo compartí con vos.
Y entonces veo tu compostura en busca de sol y añoro tener las raíces en mi cara como lo mejor de los detalles humanos que se haya presentado jamás. Tronco de síndromes de vanidad razonada, sonrisa de flores y el sentenciado fruto que reluce como manjar de primaveras por el que lucho y lucharé para mi jardín.
Quisiera, niña mía, grabar en tu cuerpo el nombre de este caballero andante que solo pretende hacerte feliz y procurar que retoñes con el recuerdo de haberte sembrado como la más fecunda semilla del amor.

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