Ni el secreto de las piedras de mi camino es más grande que este pedazo de efecto que se va convirtiendo en serio y no se deshoja. Soy un extraterrestre sin sentidos desde este amanecer en que rondaste mis sueños, ahora no tengo palabras y todo lo que brota es fuerte y directo. Las ganas de decirte te amo me empujan a mostrarme débil ante la colina de la realidad y aunque lo veas extraño y yo también, me hace sonreír cual infante ante su primer flechazo de amor.
En estos instantes, ni sé por qué te cuento tal mensaje, aunque me has dado la libertad de expresar lo que tenía en las entrañas, créeme que no habrá receta para hacerme menos abierto que en estos lapsos de locura. Cada detalle debe sonar sensato, porque nada más cuerdo que este espíritu que te lleva en cada célula. Sonará raro que veinticuatro jornadas basten para procurarme enfermo de pasión por ti, pero me rio sin el miedo de que lo creas inesperado ni de perder el poco orgullo que me queda hoy. Te juro pequeña flor, que soy débil por tus movimientos y el más celoso de los leales a tus gestos; soy además el vivo néctar del prejuicio hacia todo lo que te refiera y no quiero detenerme, aunque de rodillas caiga baleado.
Hoy es tarde para declararme flechado, para decirte sin bríos que en cada segundo fecundas la mejor de las imágenes de amor, que me muero por ti con más fuerza, que te anhelo y te añoro, que te pienso y te adoro, que te extraño y te quiero, que sencillamente soy dependiente de todo tus conceptos y que eres mi razón diaria de existir.
Ahora entiendo a Cupido; coño, que bien se siente esta flecha…
En estos instantes, ni sé por qué te cuento tal mensaje, aunque me has dado la libertad de expresar lo que tenía en las entrañas, créeme que no habrá receta para hacerme menos abierto que en estos lapsos de locura. Cada detalle debe sonar sensato, porque nada más cuerdo que este espíritu que te lleva en cada célula. Sonará raro que veinticuatro jornadas basten para procurarme enfermo de pasión por ti, pero me rio sin el miedo de que lo creas inesperado ni de perder el poco orgullo que me queda hoy. Te juro pequeña flor, que soy débil por tus movimientos y el más celoso de los leales a tus gestos; soy además el vivo néctar del prejuicio hacia todo lo que te refiera y no quiero detenerme, aunque de rodillas caiga baleado.
Hoy es tarde para declararme flechado, para decirte sin bríos que en cada segundo fecundas la mejor de las imágenes de amor, que me muero por ti con más fuerza, que te anhelo y te añoro, que te pienso y te adoro, que te extraño y te quiero, que sencillamente soy dependiente de todo tus conceptos y que eres mi razón diaria de existir.
Ahora entiendo a Cupido; coño, que bien se siente esta flecha…
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