“…Se cae el cielo y qué más da, tenemos nuestro mundo, el día sigue siendo azul si estamos juntos…Reik”
Cuando despierto viene el recuerdo de tu último beso, una ola de detalles toman de rehén a mi alma y la embriagan de fotos tuyas que ya no tienen color de mirarlas. Serás por cada sueño el emblema de pertenecerle a mis metáforas, los gestos se amarrarán al anhelo de tenerte conmigo en cada segundo y mi alegría se parecerá cada vez a la tuya cuando en cada rato luche por tu felicidad, que ya pretende tenerme de autor.
Princesa y dueña mía:
Hasta aquella estrella te quisiera llevar y tallar en su traza una retahíla de encantos que tengan que ver con tus mañas, porque es tu amor quien me enseña a caminar y revivir las iniciales de cada buen sentimiento. Soy feliz porque al menos me sepas, no importa nada más que lo que tú me das, cada ápice de tu ser engrandece todo hálito de mi vida, con solo ser tú emancipo de gratitud ante la suerte de mis días.
Es tan serio el compromiso de idolatrarte que no duermo sin antes imaginarte a mi lado, pícara y sensual, linda y tierna, como flor de las que ya no nacen. Te adoro mucho más que anoche y aseguro que al despertar la adoración de hoy se quedará pequeña.
Que el destino siempre te ponga en mi camino y haya siempre un manojo de besos para tu izquierdo.
Cuando despierto viene el recuerdo de tu último beso, una ola de detalles toman de rehén a mi alma y la embriagan de fotos tuyas que ya no tienen color de mirarlas. Serás por cada sueño el emblema de pertenecerle a mis metáforas, los gestos se amarrarán al anhelo de tenerte conmigo en cada segundo y mi alegría se parecerá cada vez a la tuya cuando en cada rato luche por tu felicidad, que ya pretende tenerme de autor.
Princesa y dueña mía:
Hasta aquella estrella te quisiera llevar y tallar en su traza una retahíla de encantos que tengan que ver con tus mañas, porque es tu amor quien me enseña a caminar y revivir las iniciales de cada buen sentimiento. Soy feliz porque al menos me sepas, no importa nada más que lo que tú me das, cada ápice de tu ser engrandece todo hálito de mi vida, con solo ser tú emancipo de gratitud ante la suerte de mis días.
Es tan serio el compromiso de idolatrarte que no duermo sin antes imaginarte a mi lado, pícara y sensual, linda y tierna, como flor de las que ya no nacen. Te adoro mucho más que anoche y aseguro que al despertar la adoración de hoy se quedará pequeña.
Que el destino siempre te ponga en mi camino y haya siempre un manojo de besos para tu izquierdo.
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