(…por primera vez, un relato)
Querida Eliani:
Desde que en marzo comenzábamos a soñar juntos, crecían los verbos y se hacían verdes nuestros alegatos. Cada gesto debía, por ley de nuestros torsos, ser distinto a los plasmados en la biblia de los humanos, todo lo rítmico nos parecía de acéfalos y harto de lugares comunes. Recuerdo que lo primero fue proponernos matrimonio, sin enamorarnos y sin saber si éramos buenos en la cocina o en la carpintería casera, amé tus pies antes que los acostumbrados ojos, regalé chupa chupas antes que flores, canté mis propias canciones, fui el segundo en dar el beso, compartimos las sábanas sobre un buró, un árbol que no tenía hojas, unos perros tristes de una sola oreja, unas azoteas que riman con bateas, unos besos miles, unos textos y el más limpio de los pecados en este círculo de vivos.
Desde aquel mismo marzo me he sentido grande y con las mejores ganas de existir, confieso que mi vida se cambió y se me cumplió el mejor de los sueños (tener en mi vida a una mujer tan linda, tan inteligente y tan maravillosa como tú). Me he atrevido a contarte esto como sabes no acostumbro, con todo el corazón y sinceridad, sin esperar nada a cambio y con el único objetivo de que lo sepas y hagas con este gesto lo que estimes espiritualmente. Te juro que no me había sentido tan bien antes. Ojalá que siempre haya…ya sabes.
Qué seas mía para siempre.
Desde aquel mismo marzo me he sentido grande y con las mejores ganas de existir, confieso que mi vida se cambió y se me cumplió el mejor de los sueños (tener en mi vida a una mujer tan linda, tan inteligente y tan maravillosa como tú). Me he atrevido a contarte esto como sabes no acostumbro, con todo el corazón y sinceridad, sin esperar nada a cambio y con el único objetivo de que lo sepas y hagas con este gesto lo que estimes espiritualmente. Te juro que no me había sentido tan bien antes. Ojalá que siempre haya…ya sabes.
Qué seas mía para siempre.
Besos miles,
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