He de procurarme invisible para perseguirte como sombra intranquila que pretende amar cada molécula de tus costumbres. El equilibrio de tus centímetros me obliga a vestirme con un trozo de tu fe y con los espacios en que me dejas querer tus mieles engalano mis texturas y resulta esta retórica que no acomete tener puntos finales.
Bella divinidad, mágico progreso de lo más lindo que circula hoy:
En estos soplos de conjeturas solitarias en que tu presencia quiere desnudar tus caprichos frente a mis ganas de escribir, añoro verte entrar por esa puerta con la sonrisa de la mano y con el corazón rayado con mi nombre, como luz, rota por la pedrada del ayer; y estando lejos yo quisiera equivocarme y ponerte tras de mí con ese olor a vida que emociona mis atributos, cerrar los ojos y dedicarte un te quiero de esos que sacan el aire y se dicen de corazón.
Luego me haría visible y caminaría erguido de confianza como música que deletrea los sentimientos en un punto en el que reinas y te haces protagonista de mis días. Te añoro y no sabes cuánto, y cada detalle del entorno me recuerda tus títulos y las controversias románticas que conformo con pensarte, tu máscara de risa me embulla y me hace profesarte con las venas hinchadas y todas las ganas del mundo: que después de ti, solo está la GLORIA.
Bella divinidad, mágico progreso de lo más lindo que circula hoy:
En estos soplos de conjeturas solitarias en que tu presencia quiere desnudar tus caprichos frente a mis ganas de escribir, añoro verte entrar por esa puerta con la sonrisa de la mano y con el corazón rayado con mi nombre, como luz, rota por la pedrada del ayer; y estando lejos yo quisiera equivocarme y ponerte tras de mí con ese olor a vida que emociona mis atributos, cerrar los ojos y dedicarte un te quiero de esos que sacan el aire y se dicen de corazón.
Luego me haría visible y caminaría erguido de confianza como música que deletrea los sentimientos en un punto en el que reinas y te haces protagonista de mis días. Te añoro y no sabes cuánto, y cada detalle del entorno me recuerda tus títulos y las controversias románticas que conformo con pensarte, tu máscara de risa me embulla y me hace profesarte con las venas hinchadas y todas las ganas del mundo: que después de ti, solo está la GLORIA.
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