martes, 1 de abril de 2008

Retórica de tus mieles...

He de procurarme invisible para perseguirte como sombra intranquila que pretende amar cada molécula de tus costumbres. El equilibrio de tus centímetros me obliga a vestirme con un trozo de tu fe y con los espacios en que me dejas querer tus mieles engalano mis texturas y resulta esta retórica que no acomete tener puntos finales.
Bella divinidad, mágico progreso de lo más lindo que circula hoy:
En estos soplos de conjeturas solitarias en que tu presencia quiere desnudar tus caprichos frente a mis ganas de escribir, añoro verte entrar por esa puerta con la sonrisa de la mano y con el corazón rayado con mi nombre, como luz, rota por la pedrada del ayer; y estando lejos yo quisiera equivocarme y ponerte tras de mí con ese olor a vida que emociona mis atributos, cerrar los ojos y dedicarte un te quiero de esos que sacan el aire y se dicen de corazón.
Luego me haría visible y caminaría erguido de confianza como música que deletrea los sentimientos en un punto en el que reinas y te haces protagonista de mis días. Te añoro y no sabes cuánto, y cada detalle del entorno me recuerda tus títulos y las controversias románticas que conformo con pensarte, tu máscara de risa me embulla y me hace profesarte con las venas hinchadas y todas las ganas del mundo: que después de ti, solo está la GLORIA.

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