martes, 1 de abril de 2008

Sinalefas para olvidar ese maldito mundo fuera de nuestra Intimidad

La tranquilidad no acompaña mis ganas de extrañar. Qué cruel ha sido esta jornada sin los apuntes de tus huellas y sin la suerte de poder posarme en tu piel. He redactado estas sinalefas con la memoria de la primera noche cuando contábamos las estrellas e intercambiábamos las culturas de nuestros cuartos, del mismo espacio en que no te importaba nada y reías al besar yo tu izquierdo. Sean estas palabras el regocijo inventariado de lo que en par de semanas se fecundó en mi alma con respecto al presente que usted ha merecido desde esta tribuna de prosa abierta y sincera y tómelas como un gesto amoroso de los muchos que imagino dedicarle.
Espero seguir en tu preferencia de poesías y que los detalles que te han puesto rebelde se conviertan en una sonrisa de las que sabes compartir. No aconsejo que tu estilo se adecúe a lo exterior que nos promete otras historias, a los relatos que nos culpan, a la envidia de nuestras vigilias, a las sugerencias que se tornan oscuras a lo que ya hemos logrado, sólo que actúes por ti misma y no temas a los detalles que te brindo porque van con la mejor de las intenciones y con el reiterativo mensaje de que estoy hecho para adorarte y luchar por ti en cada segundo.
Que nuestra intimidad sea lo único que te importe y que frente a mi te sientas bien en cada instante, cuando yo no esté, sencillamente me conformo con que me dibujes en tus dos mentes y sonrías si te llega un buen recuerdo.

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