martes, 1 de abril de 2008

Vamos a convertir este fenómeno empírico en prosa común.

Prosa cursi, salida de un tiempo de aburrimiento en tribunal

Vamos a convertir este fenómeno empírico en prosa común.
Debiera leerse par de veces y dejarse para el recuerdo.
Inexplicable, bajo la subcostumbre de verte tan simple como un rasgo de lo bonito, aunque suenen estos hilos más que cursis y rimados. Debiera además ser real el hecho que estuvieras cerca para contarte y sí cierto lo inexplicable de por qué sigues siendo cada vez más físicamente perfecta. Y para colmos desconcentras mi atención a lo cotidiano, haciendo una holografía casual que tiene ganas de quedarse conmigo en todos mis hechos.
Sea esta la constancia de un sentimiento que no es de los libros, ni ya visto. Llámese ritmo espiritual de lo cómodo y evangélicamente sustantivo que nos hace merecedores del romanticismo más antiguo, pero con ganas de empacarlo en la conciencia del otro (emisor: yo, receptor: tú).
Contigo no quisiera dejar ni espacios para tildes. Años viéndote y ahora resaltas tus bordes y enervas mis entrañas de tan solo referirte. Dígase como una furia de un niño que no se calmará pronto mientras siga tu elixir impactando mis jornadas.
Disculpa si sientes que te pienso demasiado y llevo tu nombre conmigo a todos los rincones de mi espacio, pero has definido mi gusto sencillamente con ser tú.

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