martes, 27 de mayo de 2008

Decimotercera retórica, que vagaba por los sueños...

"Nada que ver con la reencarnación, ni es un bono a la casualidad… "

No por trece, perdido este amianto de frases pulidas con el deber de completar la treintena de textos que desde este bisiesto te comencé a dedicar. Digamos que cabía como cimbel que plantea el procuro de la llamada hoy, estas silabas vagaban por los sueños prometiéndose sonar bonito en este lapso sin mensajes, mis párrafos dan ya pasos más largos y con cara de familia, no te extraño tanto, ahora te quiero mucho, mucho, y no sé estacionarme en la vida si no estás a mi izquierda, con cara de ángel y esquinándote de mi almohada.
Mi amor:
Qué bien se siente contarlo. Intentaré repetir el ciclo bisílabo en negritas y cursiva: Mi amor, nada más cómodo que el hiato de su concepto pronunciable cuando cabemos rendidos de abrazos entre su sentido. Leerás fuera de número y sentirás otra línea de prosa más tibia que aquella la primera vez, entonces acomodarás los plurales en el regocijo de que me tienes cerca y podrás contarme qué tal te ha ido entre los bordes de esta melódica relación que nació desde un texto en el que pretendía convertir este mismo fenómeno empírico en prosa común y amortiguaba tus encantos con los mensajes que pretendían reposar más allá de tu izquierda. Que lleguen plácidos a tu raíz y refieran al cariño como energía síquica del mejor de los sentimientos, que los tengas de recuerdo, que te hagan no decir nada y sobre todo que provoquen en tus entrañas la certidumbre de que este personaje que interrumpió tu vida , seguirá con la promesa de tomarte de la mano y especularte frente a sus coetáneos, leerte sus versos en la tribuna de los enemigos, besarte la frente, cerrar los ojos, verte dormir, cuidarte los sentidos, subrayarte los deseos y con todo el corazón volverte a decir, que: ME ENCANTARÁS SIEMPRE.

Besos miles,

Sabes quién...

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